Promesa de ventura, paz y unión

El punto relevante no es que el partido de gobierno hubiese subido tres o cuatro puntos porcentuales respecto a los resultados de las anteriores elecciones departamentales del Beni. La cuestión a subrayar es que Carmelo Lens ganó a pesar de la maquinaria del gobierno, de la capacidad de sus órganos de información y de la campaña abierta del presidente Evo Morales a favor de la candidata Jessica Jordan.  Que hubiera ganado en la primera ronda es aún más significativo pues el peor de los cálculos gubernamentales apuntaba a una segunda vuelta. El gobierno lanzó a la mesa de apuestas todas sus figuras, incluso su escuadra propagandística, en una actitud que difícilmente encontraría paralelos en otros países. Bajo este cuadro, los desafíos que tiene Lens  son mayúsculos.

La victoria en Riberalta, Guayaramerín, San Borja, Trinidad (dos tercios de la población beniana) y en localidades menores relieva las características demográficas de un departamento con población mayoritariamente urbana, sin el gigantismo demográfico de la capital respecto a las urbes provinciales, como entre La Paz, Cochabamba o Santa Cruz y sus provincias. La victoria en San Borja puede haber tenido un sabor doblemente dulce para los vencedores: fue por la urgencia de llevar generadores de electricidad al lugar, que estaba sin luz, que el gobernador Ernesto Suárez acabó apartado del cargo.

Los resultados de la elección beniana merecen un estudio minucioso. El Beni, siquiera momentáneamente, se ha erigido en un bastión disconforme con la visión de país del presidente Morales. En términos políticos, es un “núcleo duro” que las autoridades deberán ver como una trinchera tropical gigante.

Se debe suponer que el gobierno revisará sus métodos y observará autocríticamente los episodios que han dominado el escenario político boliviano de los últimos años. Pocos creen que la causa de la derrota ha sido solo la red de corrupción, de cuya prolongada existencia se enteró el país hace apenas dos meses. La candidata perdedora supo apuntarla, para desazón de algunas autoridades, como factor que frenó su carrera al gobierno beniano. Pero tiene bases sostener que  la elección ha aparejado un voto contra la forma de gobernar que sirvió de caldo de cultivo para que la red pudiese medrar.  Es plausible creer también que al voto del Beni le abrieron camino episodios como el Hotel Las Américas, Porvenir, Chaparina, Caranavi, Huanuni, Yacuiba, asilados y exiliados.

El himno beniano dice que el departamento es una “promesa de ventura, paz y unión”. Alcanzar esos propósitos luce hoy como una aventura.

Y luego no quedó ningún indiecito

De los nueve indiecitos –eran diez en la famosa novela Ten Little Indians de Agata Christie- todos han ido cayendo en una red uno tras uno; al principio, todos pensaban salvarse de la mano criminal que los acechaba. Al final, todos caen, de una forma u otra, pero misteriosa, a lo largo de una cena en una mansión. Esta mundialmente famosa novela de misterio se parece a lo que ha ido aconteciendo con los gobernadores bolivianos de oposición. Eran tres hace un año. Han ido cayendo uno a uno, y todos han creído que iban a salvarse. El año pasado, fue el gobernador de Tarija, Mario Cossío, ahora asilado en Paraguay. El final, como toda novela de misterio, es inesperado. Veremos qué ocurre en “nuestra” novela.

El año está por cerrarse con la caída de Ernesto Suárez, acusado de malversar fondos públicos por comprar, sin cumplir meticulosamente todos los  burocráticos trámites, un generador de energía eléctrica para San Borja, la población beniana que, junto a Rurrenabaque, ganó  renombre al oponerse al traslado de los prisioneros del Tipnis, cuando ocurrió la represión de la marcha indígena el 25 de septiembre. En contacto con el programa televisivo Que No Me Pierda, conducido por Enrique Salazar, el líder beniano dijo que en su departamento estaba en curso “un golpe de estado” y aseguró que continúa siendo gobernador.

Como sustituto fue designado  Haissen Ribera, asambleísta del MNR, aliado circunstancial del partido de gobierno, informó la página web de El Deber.

La destitución de Suárez ocurrió en medio de una accidentada sesión del concejo municipal. La demanda para destituir al prefecto gobernador electo con amplia mayoría provino del partido de gobierno, que había perdido las elecciones.

Ahora sólo queda en pie Rubén Costas, de Santa Cruz. En torno a él gira el misterio de la pieza final de ajedrez político que se ha venido jugando en Bolivia. En el mismo programa, una autoridad cruceña anunció que este sábado, antes del mediodía, Costas dirigirá un mensaje al país.

El informe de Erbol, la red radial que congrega a unas 300 emisoras, ofrece la siguiente versión de lo ocurrido esta noche, que puede ser leída aquí.