Los ocupantes de tierras en el terreno gigantesco del ingenio San Aurelio, casi en el medio de la ciudad de Santa Cruz, han empezado a abandonar el lugar que tomaron a la fuerza hace unos días con el propósito de construir allí sus propias viviendas. Son de la agrupación denominada “los sin techo”, que en los últimos años han comenzado a pulular en Santa Cruz. Esta manera de asumir el control de tierras privadas a la fuerza es una forma salvaje de agarrarse de algo que tiene dueño. La cuestión se agravó cuando una flamante fiscal del distrito de Santa Cruz decidió que no intervendría para ayudar a resolver el problema. Los ocupantes interpretaron las palabras de la fiscal como una licencia para actuar. Después sobrevinieron enfrentamientos a golpes de puño, palos y balas. Hasta que resultó muerta una persona, con dos balazos en el abdomen. El gobierno vio que la situación se le escapaba de las manos y que estaba por adquirir dimensiones mayores, pues hay muchas tierras baldías, no solamente en Santa Cruz, y sus autoridades empezaron a presionar a los cientos de ocupantes para que desalojasen el lugar.
Pero todo esto es sólo un lado del problema. Otro de los múltiples lados está encerrado en una pregunta que me atrevo a reproducir: ¿Qué hace un terreno de 900 hectáreas, equivalentes a casi todo el centro y el primero y segundo anillo de la ciudad, en pleno centro urbano? No conozco ninguna ciudad del mundo que tenga una empresa agroindustrial en su corazón urbano, menos aún que centre sus labores de molienda y refinación en el mismo lugar. Conozco a muchas personas que solían quejarse por la ubicación de esa agroindustria que, cada vez que empezaba la molienda, contaminaba el ambiente y la atmósfera tomaba un denso sabor de caña. Estoy seguro que si hay unos cuantos capaces de aplaudir lo que ocurrió, ellos viven en los alrededores de esos terrenos. Y aplauden no por simpatía “sin techo” sino porque creen que se está eliminando algo que les hacía mal a la salud.
Ahora sabemos, gracias a los incidentes, que había planes de urbanización y que la Alcaldía de Sata Cruz construiría carreteras para unir el sur de la ciudad con del Plan 3000 y volver más ágil el movimiento entre las áreas urbanas. Y que estaba gestación un proyecto (¿desde cuándo?) para una gran urbanización, planificada por los dueños del área. Si la información es correcta, había también un multimillonario negocio en camino.
Pero hay más. Todo el terreno equivale a nueve millones de metros cuadrados. De esa extensión, el 40% corresponde la municipalidad, para calles y parques. Aun así, resultaría que, además de los terrenos municipales, propiedad de la ciudad, habría 540 hectáreas bajo la jurisdicción de San Aurelio. Es decir, 5.400.000 metros cuadrados. Por las afirmaciones de técnicos municipales que he visto en la TV, esa extensión correspondería al casco viejo de Santa Cruz, incluso su primer anillo. Si es correcta la versión sobre los planes urbanizadores, la urbanización por venir tendría una la extensión mayor que muchos pueblos de estatura mediana en el departamento. Todo esto no era sino un anuncio para los desmanes ocurridos en los últimos días. Uno, sin embargo, no acaba de comprender por qué las autoridades no actuaron antes y persuadieron a la industria azucarera que se mudase a un lugar distante, donde no contaminase el ambiente ni atentase contra las reglas urbanas.
Hoy aparece en El Deber que hay tres hectáreas (30.000 metros cuadrados) pertenecientes al desaparecido Banco Sur que están ocupadas desde febrero. ¿Nuevos enfrentamientos a la vista? El anuncio está escrito en las paredes. Pero hay muchos que no saben leer, ni quieren hacerlo.