En su columna Contrapunto, el diplomatico Ramiro Prudencio Lizón ha escrito un artículo sobre bajo el título “Chile y la cuestión marítima nacional”, con cuya autorización reproduzco aquí.
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El canciller chileno, Alfredo Moreno, ha decidido crear una Dirección Vecinal, destinada a atender exclusivamente las relaciones con los países limítrofes a su país, es decir, Argentina, Bolivia y Perú. Y sobre nuestro país, ha reiterado que existe una agenda de 13 puntos, que incluye la demanda de una salida al mar.
Al respecto, en nuestro país hay la idea generalizada de que Chile tiene como política básica, el rechazar todo entendimiento con Bolivia sobre una salida al mar. Ahora bien, si la mencionada posición chilena fuese cierta, entonces vanos serían los esfuerzos nacionales por alcanzar el mar.
Pero la realidad es diferente. Al contrario de lo que piensan muchos bolivianos, la política tradicional chilena, salvo cuando las relaciones están muy frías, ha sido buscar una solución al problema marítimo boliviano. En el transcurso del siglo veinte, y luego de haberse suscrito el Tratado de Paz de 1904, hubo diversas negociaciones entre los dos países relativas la tema. Basta recordar lo sucedido en los últimos cincuenta años de dicha centuria.
Primeramente, el gobierno del presidente Gabriel González Videla llegó a aceptar, en 1950, el ingreso a “una negociación directa destinada a buscar la fórmula que pueda hacer posible dar a Bolivia una salida propia y soberana al océano Pacífico”. Luego, durante el gobierno del presidente Jorge Alessandri, Chile presentó un memorándum en 1961, donde declaraba que “siempre ha estado llano a estudiar en gestiones directas con Bolivia, la posibilidad de satisfacer las aspiraciones de ésta y los intereses de Chile”. Como se sabe, el conflicto producido por el desvío de las aguas del río Lauca, sepultó esta nueva iniciativa.
Poco tiempo después, el gobierno del presidente Eduardo Frei Montalva reanudó conversaciones reservadas sobre el tema marítimo, pero el ambiente no era todavía propicio para un entendimiento, ya que la querella del Lauca había creado una profunda animadversión entre los pueblos boliviano y chileno. Con el gobierno socialista de Salvador Allende, se continuaron las conversaciones, llegándose a concebir una posible solución en base a la entrega de un corredor al norte de Arica, tal como se había estudiado en 1950.
A la caída de Allende, el régimen militar que tomó el poder, encabezado por el general Augusto Pinochet, también se preocupó del asunto, y buscó un arreglo directo con Bolivia. De este modo, se llegó a la negociación iniciada en Charaña, que fue la más importante del siglo pasado. En esa oportunidad, mediante nota de 19 de diciembre de 1975, Chile ofreció ceder a nuestro país, un corredor al norte de Arica, con continuidad territorial desde Bolivia hasta el mar. En resarcimiento, exigió una compensación territorial. Lo increíble es que en Bolivia surgió una oposición irracional al trueque de territorios, al extremo de que Banzer se sintió obligado a suspender relaciones diplomáticas con Chile y dar fin con ello a tan trascendental negociación que pudo haber roto nuestro enclaustramiento geográfico hace más de treinta años.
Posteriormente, y pese a esa abrupta ruptura de relaciones, se volvió a negociar la cuestión marítima. Ella se concretó en la reunión de los cancilleres de ambos países, llevada a cabo en 1987, en la ciudad de Montevideo. Pero, declaraciones anteladas de nuestro gobierno de que Bolivia nunca aceptaría un canje de territorios, provocó la frustración de este nuevo emprendimiento.
Es evidente que cuando los dos países se transan en enfrentamientos agresivos, como ha sucedido en los últimos años, la nación chilena se pone soberbia y decide rechazar toda posible inteligencia sobre la materia. Pero desde el gobierno de Rodríguez Veltzé y mucho más con el de Evo Morales, los dos gobiernos y los dos pueblos se han acercado, y es muy posible que prime nuevamente en Chile la corriente de buscar una solución al histórico problema marítimo que ha separado hasta el presente, a los tres países involucrados en la Guerra del Pacífico.