Mambrú se fue a la guerra…
Con este título, el columnista Asdrúbal Aguar, de El Universal de Caracas, trajo hoy una entrega. En sus primeros dos párrafos dice:
No hay agua, no hay luz eléctrica, faltan los insumos indispensables…
La lucha entre la conciencia y el mundo, entre la razón y la animalidad, no cesa a propósito de las relaciones entre los hombres, fundamentalmente las que tienen como centro de acción la conquista del poder o su conservación en medio de los errores. De modo que, mal puede sorprender que los vínculos entre los Estados -animales impersonales y suertes de Leviatán como los predica Hobbes- siempre llegan teñidos con los claros oscuros del cinismo y a manos de la locura de sus detentadores, los gobernantes, sobre todo los mesiánicos que de tanto en tanto nos regala la historia.
Y es que tras la máscara del Estado, quienes usan de ella le dan rienda suelta a lo más primitivo de sus existencias. Sus bajas pasiones desbordan como río sin madre y creen no comprometer su propia personalidad. Se trata de la razón de otro, en el caso la célebre razón de Estado, que tapa sin pudor y desde el más lejano amanecer los más graves crímenes que se hayan cometido contra la Humanidad. El Estado oculta y hace posible, a la vez, la dualidad moralidad-amoralidad que hace presa de ciertos individuos, en su devenir y hasta cuando la muerte se los lleva a empujones. (El resto, cuya lectura recomiendo, se encuentra aquí.)
-0-0-0-0-
Y Roberto Giusti, otro periodista venezolano de fuste, nos dice, tambien hoy:
¿A la guerra yo?
“¿Quién puede tomar las armas para complacer la obsesión de poder de un insensato?”
Que se olvide. Primero, ya traspasé la barrera de los cincuenta y nadie podría obligarme a ir a matar gente o a que me maten porque al tipo le amaneció este domingo la puntada por ese lado. Y segundo, si no fuera así y tuviera veinte años me negaría igualito. Lo haría por principios, (estoy contra todo tipo de violencia) y porque no se trata de una causa justa y noble que en última instancia nos obligue (aun cuando toda guerra, por muy justificada que esté, es indeseable) a tomar las armas.
Con Colombia no existe ningún conflicto que no sea posible resolver de manera pacífica y civilizada, vía utilizada históricamente por ambos países y aún perfectamente posible. El problema está en que desde Caracas no se tiene a Colombia como un país vecino con el cual estamos condenados a convivir hasta el fin de los tiempos, sino como un objetivo geopolítico. (Para leer el articulo completo, clicar aqui).
Aún no hay comentarios.