Mientras tanto, en Santa Cruz

Notas desde la Llanura

Hacia el pasado

  Quienes conocen Venezuela –y otros países de trópicos húmedos- saben cuán indispensables pueden ser el aire acondicionado y las duchas, esa gran innovación traída de Estados Unidos que dejó a un lado la bañera, frecuentemente anti-higiénica, que había venido de Europa. Siglos atrás,  en el Viejo Mundo una familia solía utilizar la misma agua. Primero el padre, el hijo varón mayor, la madre, y los demás hijos, después, según la edad. En ese orden y en la misma agua. Gran parte de los condominios de Caracas cuentan con piscina. Que puede parecer una frivolidad, es cierto. Pero los venezolanos que pueden hacerlo, se la permiten. Muchos de ellos aprovechan sábados y domingos para lavar sus automóviles. El agua fue siempre dada por descontado, salvo una que otra rara interrupción dispuesta por problemas de suministro de los reservorios, algo nada excepcional pues suele ocurrir en todo el mundo. Pero es la primera vez que el ahorro del agua se vuelve una política de estado: ducha de tres minutos máximo, tiempo más que suficiente puesto a prueba por el presidente Hugo Chávez.

Lo mismo ocurre con la electricidad. Paradojalmente, Venezuela tiene la mayor presa hidroeléctrica nacional del continente (Itaipú es compartida por Paraguay y Brasil). Posee Guri con 10 gigavatios de potencia instalada (vs. 14, de Itaipú y 18 de Tres  Gargantas, la mayor del mundo, en China). Parte de la energía de Guri fluye exportada hacia estados del noreste brasileño. Cuando fue inaugurada a mediados de la década de 1980, se afirmaba que Venezuela tendría su energía eléctrica asegurada por décadas.

No fueron muchas. Ahora, para contribuir al ahorro forzoso de energía, el gobierno de presidente Chávez acaba de restringir la importación de acondicionadores de aire, heladeras y calentadores. Pronto podrá venir el turno de las lavadoras. “Es ridículo”, dirán los venezolanos. El país donde el hielo es artículo de primera necesidad ahora restringe la importación de refrigeradores.

Las restricciones a los acondicionadores de aire pondrán dificultades a las oficinas con grandes centros de computación. El sobrecalentamiento será una amenaza que quitará el sueño a los programadores y técnicos electrónicos. Las dificultades en el horizonte son muchas.

Cuando Estados Unidos decidió mostrar, bajo el presidente Carter, su determinación de bajar el consumo de energía debido al embargo de ventas de petróleo impuesto por los países árabes, a fines de la década de 1970, el mandatrio ordenó que por las noches fuesen apagadas las luces de la Casa Blanca.

Falta vez si las autoridades venezolanas disponen el corte de luz en el Palacio de Miraflores y en los jardines de La Casona, la residencia presidencial.

Algo no anda bien para que en Venezuela, el país de la energía, ahora el gobierno obligue al ahorro de energía.

Noviembre 5, 2009 - Publicado por haroldolmos | Agua, Venezuela | | Aún no hay comentarios

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