Tres periódicos importantes en el mundo han editorializado estos días sobre Bolivia.
The New York Times, probablemente el diario más influyente del mundo, recalca que los votantes venezolanos dieron un asombroso rechazo que exhibe los límites que la ciudadanía concede, incluso a líderes con colosales riquezas petroleras como Hugo Chávez. En seguida advierte que “Desgraciadamente, el autoritarismo del Sr. Chávez se está extendiendo por los Andes, donde sus aliados, los presidentes Evo Morales, de Bolivia, y Rafael Correa, de Ecuador, también tratan de aprobar reformas constitucionales para consolidar su poder.”
Agrega que los esfuerzos de estos dos líderes han debilitado los equilibrios necesarios para la democracia y que sus métodos proclives a la confrontación amenazan con romper “la frágil estabilidad política y social de Bolivia y Ecuador”.
“Bolivia –dice- parece aproximarse rápidamente a las orillas de un precipicio social” y recuerda que una asamblea constituyente reunida en una institución militar con solamente tres delegados de la oposición presente aprobó el primer borrador de esa constitución.
“Morales –agrega- debería aplazar el referendum para permitir que las pasiones se enfríen y asegurar que ocurra un debate pleno sobre los cambios que propone”.
Los comentarios del Times generalmente tienen gran audiencia entre la gente que forma opinión en el mundo. Si el presidente Morales ha sido informado debidamente, debe saber ahora que en los Estados Unidos su gobierno tiene una fama cuando menos dudosa. Muchos programas de cooperación pueden estar ahora con las barbas en remojo.
El Wall Street Journal, aquel que los inversionistas leen al tomar el café de la mañana, advertía, también hace algunos días: “Morales ha encontrado una resistencia civil significativa a sus ambiciones de poder. “
Luego agrega estos párrafos:
Actualmente, la importancia de lo que ocurra en Bolivia no es evidente para Washington, como no lo era lo que pasaba en Afganistán antes de 2001. Pero hay una razón por la cual el presidente iraní Mahmud Ahmedinejad visitó La Paz a finales de septiembre. Bolivia es importante para la estabilidad del hemisferio.
En 1967, el Che Guevara reconoció que las fronteras de Bolivia con Perú, Brasil, Paraguay, Argentina y Chile le daban un enorme valor estratégico. El gobierno anticomunista que lo mató aquel año también se dio cuenta de lo mismo. Treinta años después, el potencial de desestabilización de Bolivia sigue latente.
EE.UU. también debería estar preocupado por el barril de pólvora que es la pobreza. Morales ha usado a esta miseria, y su ascendencia indígena, para obtener apoyo para su socialismo. Para que mejoren los estándares de vida de Bolivia, no obstante, se necesitan derechos de propiedad, inversión y comercio. El populismo izquierdista de Morales no sólo es un modelo improbable de crecimiento, sino que, tristemente, son los indígenas pobres lo que probablemente sufrirán más con su retrogrado experimento de colectivismo.”
Por último, O Estado de Sao Paulo, decía esta mañana que Evo Morales “no desmerece a la mayoría de sus antecesores” y subraya que “En menos de dos semanas aplicó dos golpes.” El primero, dice, ocurrió el 24 de noviembre, cuando sus seguidores en el Asamblea Constituyente mudaron calladamente el foro a un cuartel y aprobaron el primer borrador. “Claro, sin la oposición”.
“El texto –recuerda- fue aprobado por 138 de los 255 constituyentes, violando así la legislación que condicionaba la aprobación al apoyo de dos tercios de los asambleístas”.
Y este sábado último, agrega, la Constituyente fue transferida a la Universidad de Oruro, un reducto de Morales. “Allí, dice, se reunieron 164 asambleístas que tuvieron el cuidado formal –pero no por eso menos golpista- de cambiar las reglas del juego para permitir que la constitución fuese aprobada por dos tercios de los presentes y no de todo el cuerpo constituyente, como determinaba la ley que lo convocó”.
Si en el gobierno del presidente Morales había quienes creían que el mundo ignoraría el camino tortuoso que impusieron a la Asamblea Constituyente los delegados oficiales, los comentarios anotados muestran que estaban en un craso error. Como será también un error creer que otros países cerrarán los ojos ante el espectáculo constituyente boliviano, de asambleístas que obedecían como redil las instrucciones por el Sí o por el No que les venían de uno o dos de sus colegas que lograban entender el debate, como se vio en la mañana del domingo. Así no se escribe una Carta Magna pero se muestra la calidad de quienes la redactaron.