Desafíos

El racionamiento biométrico que pretende implantar en Venezuela el presidente Nicolás Maduro y la oleada que, con Marina Silva a la cabeza, amenaza desbancar al gobierno del PT en Brasil, se han erigido estos días como el mayor desafío para la cadena de países bajo regímenes socialistas del Siglo 21. La protesta venezolana se hizo escuchar el jueves con pitazos y batir de cacerolas que han recordado al gobierno heredero de Hugo Chávez que aún tiene al frente a una porción formidable de la población de su país. Más cerca de nosotros, los sondeos le han dicho al de Dilma Rousseff que tiene muchas cuentas por saldar a favor de brasileños descontentos con los resultados del doble sexenio de gobierno del Partido de los Trabajadores.
La insatisfacción en Venezuela con los racionamientos de agua y electricidad creció con la intención de aplicar un control biométrico sobre las compras, especialmente de productos esenciales, una situación hace poco tiempo inconcebible. La única forma de racionamiento que se conocía era la existente en Cuba y en los países tras la Cortina de Hierro antes de la caída del Muro de Berlín.
Mientras el país parece encaminado hacia elecciones legislativas de fines de 2015, es improbable una disminución a corto plazo de la polarización en la que ha caído la sociedad venezolana. Con una gestión administrativa desastrosa que ha colocado a Petróleos de Venezuela (Pdvsa) en su peor crisis desde la nacionalización de hace 40 años (al igual que en otras latitudes, se desconocen las cifras de la industria) la producción ha declinado y los ingresos, todavía multi-billonarios, han sido insuficientes para la voracidad del estado. Afectado por una aguda indisponibilidad de dólares, muy pronto el gobierno podría enfrentar la perspectiva desagradable de romper la excentricidad de una gasolina hiper-barata que cuesta miles de millones de dólares subsidiar (el país consume unos 500.000 barriles diarios de petróleo) y de provocar nuevas devaluaciones del bolívar.
El camino de Dilma Rousseff para la reelección parecía expedito hasta el estallido de protestas callejeras de una magnitud y furia sin precedentes en Brasil. El malestar no se apagó ni con el mundial de fútbol de junio y julio. La emergencia de Marina Silva, ayudada por la solidaridad que causó la muerte trágica del candidato socialista Eduardo Campos el 13 de agosto, ha colocado a la “tercera vía” a las puertas de gobernar.
Tenaz luchadora por el medio ambiente, la dirigente socialista ha triplicado el porcentaje que asignaban las encuestas al Partido Socialista Brasileño hace sólo tres semanas. Los sondeos en curso, cuyos resultados serán conocidos durante la semana que empieza, dirán si persiste la tendencia, que ha dejado en tercer lugar al socialdemócrata Aécio Neves y ahora pisa los talones de una Dilma Rousseff acosada por incómodas perspectivas electorales como nunca estuvo su partido desde el primer triunfo de Lula da Silva en 2002. Si Marina registrase un estancamiento, la noticia no sería festejada por el partido de gobierno. Es improbable que las simpatías captadas por la ambientalista se vuelquen hacia Dilma. Es, más bien, probable que el apoyo que tienen los socialdemócratas converja hacia Marina.
Con el PT gobernando, el “chavismo” ha contado cuando menos con guiños de asentimiento para gran parte de sus políticas, incluso para el ingreso de Venezuela al Mercosur. No es seguro que los guiños sean tan seguidos con eventual gobierno de Marina. Los analistas creen que una corriente distinta al mando de la mayor economía del continente sería un serio traspié para los más radicales del socialismo del siglo 21.
Quienes fuera de Brasil tendrían mayores razones para festejar una eventual victoria de la ecologista brasileña serían los habitantes y los defensores del Tipnis. La carretera generadora de violencia en esa región del centro boliviano fue un tiempo financiada por un banco estatal brasileño y había sido criticada por el candidato presidencial socialdemócrata de hace cuatro años, José Serra. La llamó “transcocalera”.
Para quienes analizan lo que ocurre en nuestro vecindario y lo extrapolan a nuestro propio patio, va un dato: En el debate entre candidatos hace una semana, Marina Silva dijo que estaría feliz si, de ganar la contienda del 5 de octubre, pudiera tener a Serra como uno de sus ministros.

Ahí viene Marina

 El ex presidente norteamericano Richard Nixon dijo una vez que por donde fuera Brasil por allí iría América Latina. Eran las últimas semanas de 1971 y el ex presidente norteamericano brindaba por su huésped en ese momento, uno de los dictadores del régimen militar que comandó el destino del país vecino durante casi dos décadas.  Mientras hubo dictadura en Brasil, en el resto del continente se afirmaron los regímenes de fuerza. Cuando se reinstauró la democracia, ésta cundió firme entre sus vecinos. Cuando asomó Lula da Silva, los regímenes de izquierda se fortalecieron bajo características variadas y, en algunos casos, reacios a aceptar naturalmente una esencia de la democracia: la alternancia en el poder.

Una encuesta divulgada hace una semana en Brasil remeció las creencias que hasta pocos  días antes predominaban. La actual presidente Dilma Rousseff dejaba de ser favorita para ganar en la primera vuelta del domingo 5 de octubre y en el desquite sería vencida por la ecologista María Osmarina Silva de Souza, destacada ambientalista ex dirigente del Partido dos Trabalhadores, de Luiz Inacio Lula da Silva, y ahora con la bandera del Partido Socialista Brasileño.  Marina, simplemente así, como se la conoce en Brasil, emergía con un sorprendente 21% de las preferencias, encima de Aécio Neves (20%), hasta entonces el segundo favorito después de Dilma (43%).

El porcentaje que le otorgó la encuesta no era desconocido para Marina. Ya estuvo cerca en las elecciones presidenciales de 2010, cuando alcanzó 19,33% de los votos válidos de la primera vuelta, con el respaldo de cerca de 20 millones de brasileños. Dilma y el socialdemócrata José Serra disputaron la final, que ganó la actual mandataria.

El porcentaje de hace unos días no resultó de la pérdida de simpatías para Dilma o Neves sino de una disminución drástica de indecisos que se volcaron hacia el nuevo fenómeno electoral brasileño.  Los nuevos sondeos son aguardados con expectativa creciente pues la lucha en curso, de consolidarse la tendencia a favor de Marina, podría efectivamente reflejarse en los porcentajes de los dos favoritos.  Favorecerían a Marina los cansados con 12 años de gobierno del PT, que tuvieron una fuerte expresión en las manifestaciones callejeras activas hasta las primeras fechas del reciente mundial de fútbol. Las encuestas no han determinado con certeza qué candidato opositor cosecharía ese descontento, si Neves o Marina. En una de sus primeras declaraciones, la candidata opositora dio una señal nítida contra el continuismo que predomina en naciones vecinas: si llegase a ganar, sería presidente por un solo período.  

La candidata socialista tiene un camino empinado cuesta arriba y cualquier vaticinio es todavía prematuro.  De su lado cuenta con la solidaridad que ha despertado la muerte del líder de la “tercera vía” Eduardo Campos, cuando la avioneta en que viajaba el 13 de agosto se estrelló cerca de Sao Paulo. Si esa solidaridad crecerá o se debilitará, es algo que nuevos sondeos podrían detectar pronto. Pero tiene como haber principal su propia lucha política que la proyectó desde los siringales del Acre, donde nació (Rio Branco) en 1958. Su defensa del medio ambiente le dio renombre internacional y su figura, menuda y de apariencia frágil, se volvió una muralla contra la devastación de la floresta y  la utilización de las aguas de los ríos amazónicos en presas hidroeléctricas, un tema sensible en Bolivia, cuya región amazónica sufrió desastres naturales devastadores este año.

Un gobierno ambientalista en Brasil sería también un mensaje a favor del Tipnis (Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure), el tema que llenó los horarios estelares de la TV y acaparó los titulares de los medios impresos hasta hace poco tiempo. Sólo una semana antes de los comicios generales en Bolivia, los que habrá en el gigante vecino dentro de mes y medio serán seguidos con atención cuidadosa por todo el continente, presumiblemente por todo el mundo. El volumen de su economía está entre los primeros del planeta y el peso gravitacional de sus inclinaciones repercute sensiblemente entre sus vecinos.   

Desencuentros

Bolivia debe mejorar sus relaciones externas, especialmente con Estados Unidos y Brasil, para   volver más vigorosa su lucha jurídica ante la Corte Internacional de Justicia. ¿Quién lo dice? El ex presidente Carlos Mesa. ¿Cuándo? El 7 de agosto, horas antes de que el presidente Evo Morales convocara a las fuerzas armadas a prepararse para cuando el país recupere su cualidad marítima.  En disparo a dos bandas,  el presidente equiparó la condición boliviana al bloqueo  impuesto a Cuba por Estados Unidos.

Las declaraciones del ex mandatario cuestionan el discurso del presidente Morales. Las arengas “antiimperialistas” y “anticapitalistas” solo hacen bien a las relaciones de Bolivia con Irán, Corea del Norte, Cuba  y Venezuela.  A partir de ahí sobran los dedos de las manos. El resto del mundo busca buenas relaciones con Estados Unidos, con el que las nuestras están en su peor momento. Con Brasil, se encuentran en un estado extraño: solo Bolivia tiene embajador.  Mesa está en lo correcto.

El llamado de atención fue un capítulo del que luce como un desencuentro entre los dos personajes. El domingo antepasado, El Deber trajo un artículo de Mesa sobre el juicio que el oficialismo propone contra dos magistradas del Tribunal Constitucional Plurinacional.  La designación de magistrados por voto directo era vista oficialmente como una panacea que resucitaría a la moribunda y desprestigiada justicia. Los  pocos países que experimentaron ese sistema, lo han desactivado por inapropiado.   

El ex mandatario escribió que la elección, como muchos bolivianos dijeron, fue “un absurdo  (que, para peor, fue mal conducido y sesgado con la preselección de candidaturas) que llevó no solo a agravar  la histórica corrupción de ese Órgano sino a reducir a grados insospechados su ya cuestionada idoneidad”. 

El ex mandatario preguntó si la decisión legislativa no debería también apuntar al tribunal por haber habilitado la candidatura del presidente Morales.  Mesa preguntó si la decisión ¿“no marcaba elementos suficientes para acusar a los miembros del Tribunal por prevaricato y fallos contrarios a la constitución?”  Para que el lector pudiese responder mejor, recordó la disposición  constitucional transitoria ya olvidada: “Los mandatos anteriores a la vigencia de esta constitución serán tomados en cuenta a los efectos del cómputo de los nuevos períodos de funciones”.

Los temas sobre la mesa son del máximo interés y hay suspenso ante una posible nueva ronda en esta manifestación de opiniones.

La carta clandestina

Cinco meses después de la difusión de  la “Carta al Pueblo de Bolivia”  que escribió el ex fiscal Marcelo Soza Álvarez tras su fuga a Brasil, el documento es aún desconocido legalmente. Soza, director durante cuatro años del mayor caso penal de la historia boliviana reciente, dijo que su vida y la de su entorno familiar corrían peligro, y aguarda la decisión brasileña sobre su pedido de refugio. En Brasilia, en una entrevista con  medios bolivianos, el ex fiscal Soza dio fe de la autenticidad del documento,  al principio puesto en duda por defensores de la tesis gubernamental.  “Yo reconozco la carta. Yo la firmé, la presenté a la Policía Federal, la leí ante los medios de comunicación y ésa es la carta que yo firme de puño y letra”, dijo en mayo a Página Siete y ANF. La confirmación zanjó la controversia en sus inicios, pero no consiguió que la nota sea aceptada como documento válido para el Juicio del Siglo escenificado en Santa Cruz desde hace 20 meses.

Traducida al portugués y autenticada por un notario de fe pública de Brasil, la carta carece de valor legal en Bolivia. Las perspectivas inmediatas de asignarle vida legal son exiguas y los fiscales que defienden el caso del gobierno le anteponen el adjetivo de “supuesta”.  El tribunal a cargo del juicio no la reconoce como prueba (“existe, pero aún no ha sido valorada”) y concuerda con la postura de los patrocinadores opuestos a los movimientos de la defensa para incorporar la misiva, cuyo contenido apunta al corazón de la tesis que sostiene el gobierno desde hace 64 meses.
La carta más famosa de Bolivia en los últimos tiempos aguarda que la cancillería otorgue luz verde que permita conferirle valor legal, algo que los acusados ven improbable. Sostienen que hacerlo significaría confrontar la tesis oficial con la que ahora sostiene el personaje que la preparó: fue producto de manipulaciones y presiones del gobierno en un plan para controlar políticamente a una región en la que no parecía gozar de gran afecto. ¿A quién creería usted? ¿Al autor o a quienes defienden la tesis que  el autor ahora niega?
Entre las razones para su escepticismo, los acusados dicen que la cancillería no remitió al tribunal los resultados de la autopsia emitidos en mayo de 2010 por la forense oficial de Irlanda, que examinó el cadáver de Michael Dwyer, uno de los tres que murieron en el episodio del Hotel Las Américas en la madrugada de 16 de abril de 2009. El informe se contrapondría al oficial del gobierno boliviano. Empero, dicen, debía haber llegado al tribunal para ilustrar a los jueces sobre cómo los peritos de Irlanda sostienen que murió su compatriota. El freno atribuido a la cancillería nunca fue explicado y es un reclamo sobre el que periódicamente se escucha en la sala de audiencias del Palacio Judicial de Santa Cruz.
La carta que legalmente no existe relata pormenores de la que Soza describe como intervención gubernamental en el caso y asegura que llegó a pedir que el Presidente Evo Morales y el Vicepresidente Álvaro García declaren ante su fiscalía para que se liberen de toda responsabilidad.  “Sus ministros  lo impidieron”, sostiene en el documento.  Las autoridades dijeron que no comentarían la versión de “un delincuente confeso”.
 Soza encabezó las investigaciones hasta un año antes de su fuga.  Denis Rodas Limachi, uno de los ex abogados del gobierno  presentado como testigo de la defensa, dijo que la denuncia del caso fue elaborada antes de que ocurrieran los sucesos que iban a ser denunciados. El memorial sobre preparativos de actos inespecíficos de violencia fue redactado el 30 de marzo pero activado el 14 de abril. La denuncia “no precisaba ni el hecho a investigar ni a las personas que había que investigar”, dijo Rodas Limachi, en el Ministerio de Gobierno desde 2008 y en 2010 promovido como Jefe de Sección de Asuntos Jurídicos. Estaba en la cúspide de su carrera en ese ministerio cuando fue golpeado, junto con otros de sus colegas, por denuncias de extorsión y está preso en Palmasola desde hace más de un año y medio.
La inexistencia legal de la carta de Soza es uno de los elementos peculiares del caso. Hace unas tres semanas, cuando el tribunal rechazó una acción de libertad (habeas corpus) para uno de los acusados presos desde el episodio del Hotel Las Américas (16 de abril de 2009), surgió una interpretación que configuraba una “doctrina de los años efectivos”  (365 días hábiles). Se negó libertad condicional al acusado, que alegaba que estaba preso sin sentencia desde hacía más de cinco años aunque la norma dicta un máximo de 36 meses (tres años) para esa condición. Los fiscales acusadores destacaron que los 36 meses no debían incluir dilaciones supuestamente ocasionadas por el  acusado, ni feriados, suspensión forzosa de sesiones y otras causas que sumadas harían que, para el acusado, el año tuviese más de 500 días o el mes más de 40.
En esa sesión estuvo como observador un diplomático de la Unión Europea.

 

Periodistas y robots

Las noticias sobre el avance de la robótica llamaban la atención cada vez menos. Inclusive la noticia de que productores de comida rápida iban a utilizar “drones” para las entregas surgió, llegó y se fue. Sin embargo, cuando hace poco The Associated Press anunció que estaba asignando a robots la tarea de procesar los informes trimestrales de las empresas con relevancia en las bolsas de valores, pareció que los periodistas estaban ante la ruptura de un límite. La base de la novedad está en un programa que convierte en información periodística los resultados de la gestión de una empresa. La AP podrá ahora procesar 14 veces más el volumen de información que antes producían los redactores. ¿Empiezan los “chips” a substituir inexorablemente el trabajo del reportero y del editor?

La noticia causó revuelo, especialmente entre los medios menos informados sobre la evolución de la robótica. Un trabajo de The New York Times expuso hace un tiempo los cambios dramáticos en la industria y comparaba la fuerza de trabajo de Philips en Holanda y de su filial en China. Miles de empleados en China tienen como rivales en Holanda a una docena de robots que trabajan tres tunos y siete días por semana.

En el mediano y largo plazo los ahorros son enormes. La robotización acelerada ha sido una de las respuestas del capitalismo al uso intensivo de mano de obra barata que incorporó a China y a la India al club de los gigantes de la economía mundial y un freno al desplazamiento de líneas productivas hacia países asiáticos. Si se puede producir en terreno propio en forma masiva y barata, ¿por qué irse tan lejos?

Lou Ferrara, vicepresidente y gerente ejecutivo de la AP, trajo la respuesta. Apartar a los redactores del trabajo sobre los informes empresariales responde a una estrategia para incorporar más fuerza inteligente al reportaje y la investigación, el alma del buen periodismo.

El paso dramatiza el avance de la inteligencia artificial, pero subraya sus limitaciones ante la inteligencia humana que la dirige. Una historia bien elaborada, compacta, con verbos precisos y adjetivos oportunos no será substituida por la interpretación mecánica de datos. Ningún programa habría equiparado la destreza de Joe McGowan, de la AP, cuando a mediados del siglo pasado, tras revisar los datos de su fuente, anunció al mundo que la tragedia del callejón de Huaylas en Perú había matado a miles y no sólo a pocas decenas. O menos a Isaac Levi, cuando inició la nota que, en 1974, plena guerra fría, cambiaba políticamente a ese país: Tanques rusos T-55 irrumpieron en las calles de Lima para sofocar una rebelión policial, etc.

En verdad, la vieja libreta de notas y la información digital, fuerzas tradicionales y modernas, se dan la mano, como en otros momentos críticos de la historia.

Juicio del Siglo: De nuevo suspenso…y espera

Testigos bloqueados

Por fin, este martes fueron reanudadas las sesiones. Estuvieron presentes dos testigos -el ex fiscal adjunto Richard Cerda, quien trabajaba al lado del tambien ex fiscal Marcelo Soza, y el Cap.José Juan Laguna Saavedra, a cargo de la seguridad de este último mientras la ex autoridad estuvo en funciones ,

Fue limitada la contribución que los dos testigos pudieron aportar al propósito de la defensa de demostrar la tesis de que el caso Hotel Las Américas fue montado por el gobierno y que el jurado había sido llevado por un camino erróneo porque el propio Soza confesaba, desde Brasil, que pruebas básicas de la acusación habían sido fraguadas. La batería de fiscales a la cabeza del magistrado Sergio Céspedes objetó casi todas las preguntas que, alegaba, eran capciosas o impertinentes al caso. El presidente del tribunal, el fiscal Sixto Fernández, con la aquiescencia de las miembros del jurado, endosó las observaciones del Ministerio Público.

Uno de los puntos altos de la defensa fue la información de ex encargado de la seguridad de Soza, el teniente Laguna Saavedra,  de que, como parte de sus tareas, había llevado a su ex superior a reuniones en el Ministerio de Gobierno y al Palacio de Gobierno, a la Fiscalía General de la República.  La defensa creee que esa admisión la ayuda en su intento de demostrar la interferencia politica sobre el caso que atribuye al gobierno.

Momentos anntes, Richard Cerda había corroborado oficialmente que se habían perdido algunas pruebas del caso, entre ellas dos discos duros y un quemador desaparecidos de las oficinas de Alejandro Brown. De esta desapareición se habló al comienzo del juicio, en la etapa de las declaraciones preliminares, y sólo ahora vino a ser confirmada. Cerda desconocía el destino de esos materiales. La defensa afirma que la pérdida exhibe por lo ,menos el descuido  con el que se .mamejaronlos  los materiales del caso.

Los fiscales frenaron las tentativas de la defensa de incorporar en el testimonio de Laguna si conocía a algunos de los personajes citados por el ex fiscal Soza en su carta-declaración Al Puebo de Bolivia cuando se refugió en Brasil. Los abogados José Hoffman, Gary Arauz y Otto Ritter optaron por poner fin a sus preguntas alegando que el Ministerio Público “no quiere que emerja la verdad”.

La sesión fue suspendida hasta el jueves después que uno de los acusados pidió permiso para ir al baño e irritó a la acusación, que planteó que se fije un horario para ese tipo de necesidades.

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La sesión fue aplazada hasta mañana martes sin haber siquiera comenzado: la juez ciudadana Sonia Mamani Vargas y la secretaria del tribunal no llegaron a Santa Cruz, desde La Paz, y el juez Sixto Fernández no tuvo otra opción que reconvocar a acusadores y acusados. Hay dos jueces ciudadanas en el tribunal formado por cuatro personas y el procedimiento boliviano determina que ninguna de ellas puede faltar (una tercera, que debía ser parte del grupo de tribunos, nunca tomó posesión).

El juez tuvo que dictar el aplazamiento bajo la incomodidad perceptible de la defensa y del Ministerio Público, encabezado por el magistrado Sergio Céspedes, pues el caso se arrastra desde hace más de cinco años y dramatiza la lentitud exasperante de la justicia en el país.

La reapertura para  el martes es todavía una incógnita. Uno de los acusados, el coronel Juan Adalberto Torres,  tiene marcada una sesión de ecocardiograma en la mañana y la sesión no puede llevarse a cabo si cualquiera de los acusados no rebeldes está ausente. La jornada debe cumplirse bajo horario continuo, en víspera de la fiesta nacional.

Anoche, había escrito lo siguiente:

Otra vez con temperatura alta, está previsto para hoy el reinicio de sesiones del Juicio del Siglo. Las sesiones fueron suspendidas hace 10 días bajo el oleaje de las declaraciones de los ex fiscales Isabelino Gómez y Edward Mollinedo, citados como testigos por la defensa del general Gary Prado Salmón. La fase presente del proceso, basado en la tesis de que desde Santa Cruz se intentaba dividir a Bolivia, previa capitulación del ej[ercito y una campaña terrorista con el asesinato del presidente Evo Morales y personalidades regionales, resulta de un movimiento de la defensa, que busca convencer al jurado de que la Carta al Pueblo de Bolivia y la confesión ante el Consejo Nacional de Refugiados de Brasil que suscribió el ex fiscal Marcelo Soza demuestran que el juicio fue montado por el gobierno.
Emitidos en marzo y abril pasados, ambos documentos no son considerados elementos de prueba porque no han sido avalados por la Embajada de Bolivia en Brasil y el Ministerio Público y los fiscales del Ministerio de Gobierno los consideran “supuestos”.
A lo largo de la audiencia está prevista la presencia de otros ex fiscales, también presos en Palmasola, y del ex viceministro de Régimen Interior, Luis Norberto Clavijo, quien estuvo alojado en el Hotel Las Américas, en el centro de Santa Cruz, en horas previas al asalto de la policía el 16 de abril de 2009. El proceso arranca desde entonces y lleva más de 63 meses.
Las declaraciones de los dos ex fiscales han traído algunos elementos nuevos en el caso, el mayor de la historia penal moderna de Bolivia. La intervención sobre el Hotel Las Américas concita también el interés de la Unión Europea, tres de cuyos súbditos murieron por acción de policial aquella madrugada: un irlandés un húngaro y un boliviano-húngaro-croata. Un diplomático de la UE estuvo en una las audiencias la semana antepasada.
La saga del proceso ha catapultado a algunos personajes de la defensa. Otto Ritter, cabeza de la defensa del general Prado Salmon, el militar boliviano que rindió a Ché Guevara en 1967, es candidato a legislador y ha dicho que, de ser electo, una de sus primeras tareas legislativa será abrir una investigación independiente del caso.

Ojo de editor: Malas costumbres

Hay muchas maneras de cansar a los lectores y de apartarlos de un tema que podría ser importante o inclusive interesante. Es el recurrente ejercicio del no periodismo cuando las entrevistas se convierten en una manera cómoda de llenar espacios. Preguntas seguidas de la respuesta del entrevistado son una forma excepcional de presentar al lector una cuestión importante. Pero hay que tener cuidado para no caer en la monotonía y dejar al lector el trabajo que deben hacer el periodista y el editor: desmenuzar el tema y rodearlo de antecedentes para presentar una versión amena. Veo que esta forma pesada de informar se ha vuelto común en Bolivia -y en la mayoría de los países hispano-parlamentes. Detrás suele estar agazapada la incapacidad de convertir el tema que tratan las respuestas del entrevistado en una crónica agradable, legible de principio a fin.
Agarren Uds. su diario favorito de este domingo y recorra sus páginas. Vea cuánto espacio está cubierto por este tipo de trabajo. Un feriado reciente conté seis entrevistas pregunta-respuesta en un periódico ¿Será que hay tanta paciencia en los lectores para deglutir semejante dosis? A menos que el personaje sea alguien extraordinario, de ideas y lenguaje fluidos, cuyas palabras son importantes y las dice sin provocar tedio; que logra mantener la atención en todo momento y que el público no necesite de antecedentes para identificarlo… Esos personajes son muy raros, ustedes convendrán. En todo caso, deberían ser una excepción en el material que se presenta al lector.
Nada substituye una crónica bien armada, que contextualice con habilidad las ideas que expresa el entrevistado. Llevar un ramillete de preguntas para que el entrevistado las responda implica varias cosas. La primera es entregar injustamente al entrevistado el trabajo que debe hacer el reportero. Eso puede representar una abdicación profesional. La segunda es someter al lector a un suplicio cuando tiene que llenar los contextos y vacíos que deja un trabajo de cuestionario. Ese trabajo de cobertura de contextos y vacíos corresponde al redactor, no al lector. Esta monotonía ocurre con todas publicaciones que recurren a esa forma barata de escribir (o de transcribir), inclusive en folletos.
Creo que hay que empezar a decir !cuidado! con esta manera de informar (o desinformar).