Crepúsculo

La caída de los precios del petróleo se ha erguido en peligro inminente para las alianzas de Venezuela, independientemente de sus consecuencias internas en un país todavía agobiado por la incertidumbre económica y profundas fracturas políticas. Los efectos geopolíticos del encogimiento de los ingresos venezolanos pueden ser tan indetenibles como el deslizamiento por un tobogán. Este jueves, las cotizaciones se aproximaron a un piso de 80 dólares el barril, un 25% menos que hace solo cuatro meses, en una confirmación de que hasta fin de año sus ingresos en la gestión sufrirían un bajón colosal.
Esa calamidad está lejos de ser una tragedia aislada. La caída de precios expresa mucho el fracaso de las administraciones social-populistas de América Latina para las que el crepúsculo de Venezuela puede anunciar su propio anochecer.
Están cada vez más lejanos los años de 1960 y 1970, cuando Venezuela caminaba segura con la idea de llegar a ser una Suiza sudamericana bañada en petróleo. Apoyó la idea con inversiones masivas en educación y salud. De allí salió la Fundación Ayacucho que forjó a miles de profesionales en universidades nacionales y extranjeras en casi todas las áreas del conocimiento, de la educación a la música, de la literatura a la ingeniería, en un tiempo que pareció que el cielo era el limite. Al frente de los logros de algunas dictaduras, notoriamente Cuba, Venezuela oponía los suyos, alcanzados en democracia.
De inmediato, los efectos podrán ser sentidos en las naciones (18) que conforman Petro-Caribe y que se benefician del petróleo venezolano pagando la mitad de lo que pagarían en el mercado abierto. El saldo es cubierto a plazos. De ese club es parte también Cuba, con acuerdos adicionales que se traducen en unos 110.000 barriles diarios enviados a la isla, también bajo subsidios, para su refinación y exportación, principalmente a Europa. Esta operación alivió considerablemente la pérdida del apoyo que el régimen cubano recibía de la ex Unión Soviética. Sin él, Cuba retornaría a la incertidumbre bajo la que vivió tras la desintegración del socialismo real que timoneaba Moscú y que la obligaron a reemplazar tractores con bueyes.
Bolivia navega en la misma corriente ideológica de Venezuela, cuya crisis deberá tener repercusiones, aquí también, en el corto o mediano plazo. Cómo se manejarán esas repercusiones está en la agenda del gobierno que acaba de ganar una reconducción.

No es cheque en blanco

El triunfo logrado por el presidente Morales el domingo ha sido demostrativo del poder impresionante que él y su partido ejercen sobre casi todo el territorio nacional, en uno de los momentos de mayor afluencia económica para el país y de menor sintonía de los partidos políticos opositores con las necesidades y aspiraciones de gran parte de la población.
De nueve años en el gobierno, ni uno solo ha sido de angustias económicas, lo que también explica la sintonía del presidente con la mayoría de la población. Todos estos años han sido de “vacas gordas” que facilitaron los esfuerzos distributivos emprendidos bajo la bandera de un gobierno marcadamente anticapitalista en la retórica y fuertemente capitalista en sus relaciones con los empresarios nacionales.
La prueba para administrar una economía sin holguras parece haber comenzado a tocar las puertas. Una mirada a algunos de nuestros vecinos permite atisbar tormentas.
Tras dos trimestres de recesión, el crecimiento económico de Brasil, nuestro principal socio comercial, será del 0,2 a 0,3 por ciento para todo el año. No hay mejorías significativas para 2015.
En los nueve primeros meses del año, la economía argentina se encogió en un 2%. Es un proceso recesivo que no tiene signos de amainar, salvo un acuerdo con los fondos especulativos que se negaron a aceptar una disminución del valor de los bonos que compraron años atrás. Nada indica que esté próximo que involucraría el pago de miles de millones de dólares. Entretanto, la escasez de dólares continua y el valor de la divisa estadounidense llega a niveles récord en el mercado paralelo. Cristina Kirchner no cuenta más para las elecciones presidenciales y luce probable un nuevo gobierno menos afín con tendencias populistas.
Venezuela es el caso más dramático. Con una oposición temporalmente calma y la producción petrolera en declive (antes de la llegada de Hugo Chávez se preveía llegar a 5,5 millones de barriles diarios y ahora, sin estadísticas oficiales, se la estima en 2,4 millones de barriles diarios), sólo parece cuestión de tiempo para la llegada de una nueva ola de inestabilidad. El país empieza a importar petroleo liviano del Medio Oriente, un giro sin precedentes desde que el país surgió como exportador en la primera mitad del siglo pasado. Está obligado a hacerlo por el agotamiento de los campos de donde surge el crudo liviano que mezcla con crudo pesado para lograr un fluido adecuado para sus refinerías.
Fundador de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), Venezuela no tiene la influencia que ostentaba. Hace poco, no recibió mayor simpatía de sus socios una gestión para reunir de emergencia a los ministros de petróleo del grupo y discutir una posible reducción de la producción para contener la caída de precios. Arabia Saudita, el país exportador líder de la OPEP, tiene memoria de la crisis de precios de hace 30 años, cuando redujo drásticamente su producción sin lograr reponer las cotizaciones. Los sauditas perdieron mercado para el petróleo del Mar del Norte. De bajar la producción, temen consolidar y ampliar las perspectivas del gas que Estados Unidos obtiene de los esquistos bituminosos (shale gas) y que empieza a exportar. Si interéses defender mercados, no precios.
Si la cotización del petróleo se coloca 70 y 80 dólares el barril, la factura boliviana podría bajar en cientos de millones de dólares respecto a los valores recibidos en el último bienio. Se agrega a esta situación a la de otros productos que exportamos (soya y minerales) y la combinación se vuelve aún más desagradable.
Es comprensible que el Presidente del Banco Central, Marcelo Zabalaga, hubiese afirmado que la caída de precios no tendrá efectos en Bolivia. Ninguna autoridad monetaria habría dicho lo contrario. Pero es necesario estar alertas. Las ofertas antes de las elecciones fueron abultadas y de las urnas ha salido un veredicto. Resultado del horizonte que muestra a nuestros vecinos en crisis, el veredicto no es un cheque en blanco aunque algunos dirigentes crean la fiesta sigue.

Sigue el juego

Los dados electorales que los brasileños lanzaron el domingo antepasado ahora se desplazan por la recta final y en dos semanas mostrarán quién tomará las riendas de la mayor potencia económica y territorial de América Latina. Es una disputa que coloca en el cuadrilátero de las urnas a la socialdemocracia que estabilizó la economía y a la izquierda no radical representada por el Partido de los Trabajadores (PT), que por primera vez enfrenta la perspectiva de perder el poder.
No es un escenario a ser contemplado pasivamente. Se trata del principal mercado para los hidrocarburos bolivianos y la contienda ocurre cuando las relaciones bilaterales no están en su mejor momento, razones suficientes para alimentar la curiosidad sobre el rumbo que escogerá el electorado vecino. Los datos de las encuestas tempraneras exhiben un empate. Por la magnitud del desafío, es posible que la indefinición se mantenga hasta el final.
En esta etapa, los amigos valen muchos votos. Incluso si la meta de mejorar posiciones conlleva el riesgo de malograrlas, o de disparar sobre el propio pie, ni la presidente y candidata Dilma Rousseff ni su rival Aécio Neves parecen en condiciones de desperdiciar apoyos o desdeñar simpatías.
En una concentración en la que la candidata reiteró que combatirá la corrupción, a su lado estuvo el ex presidente Fernando Collor, hasta ahora el único mandatario que tuvo que renunciar al cargo para evitar que el congreso lo procesara por corrupción y lo destituyera. No se le encontraron pruebas, pero fue privado de ejercer cualquier función pública por ocho años (1992-2000). En 2006 candidateó al senado federal y ganó.
En la otra esquina, los analistas hacían notar que los altibajos en la bolsa de valores de Sao Paulo se reflejaban en el ánimo de los electores respecto a Aécio Neves. Cuando los índices subían, impulsados por el ascenso de Neves o de Marina Silva, la ecologista que no logró avanzar a la vuelta final, las encuestadoras detectaban un fortalecimiento del respaldo a Rousseff. Parecía una clásica confirmación del “dime con quién andas…”.
La candidata Rousseff no puede menospreciar el apoyo del senador Collor, aún en momentos en que su gobierno está acosado por denuncias de corrupción en torno a Petrobras, la empresa más identificada con el nacionalismo brasileño. Y su rival Neves tampoco puede molestarse con el entusiasmo que su candidatura provoca en las bolsas, cuyos operadores creen que con él tendrían un presidente más amigo. En este caso, quedaría endosado el comentario popular: “No me defiendas, compadre…”

Notas en dia de elección

Toda elección supone barajar por lo menos entre dos opciones y escoger la que, en conciencia, representa mejor las convicciones y expectativas del votante. La de este domingo es una elección llamada a figurar con relevancia en los textos de historia. Pocas veces hubo tanto escepticismo sobre la posibilidad de un cambio en el mando del país o de una corrección sustantiva en el rumbo y estilo de gobierno de los últimos años a consecuencia de una elección.
Al igual que den otras ocasiones, es acentuada la creencia de que los resultados que empiecen a emerger esta noche no serán representativos de la voluntad soberana de muchos votantes. A esa creencia han contribuido los que, como en elecciones anteriores, propugnaron el “voto consigna” (por determinado partido) y amenazaron con castigar a los que combinasen el voto, desobedeciendo instrucciones para votar verticalmente por la misma fórmula, de presidente a legislador.
El rechazo más influyente a esa pretensión de dirigir el voto lo dio la Conferencia Episcopal Boliviana cuando hace un par de semanas dijo que era nociva a la libertad de pensamiento, la libre expresión y la estabilidad de cualquier sistema democrático.
Una certidumbre en esta elección es que la presión y campañas para un voto amarrado no han disminuido y condicionarán la decisión de un gran número de ciudadanos, especialmente los de lugares remotos donde, en muchos casos, el acto de votar no es secreto.
Otra característica de la elección de este domingo es la dispersión del voto opositor cuando fueron mayores los esfuerzos para forjar un solo frente. Tras la experiencia venezolana de institucionalizar un bloque opositor unitario, se creyó que la fórmula era repetible en Bolivia. No lo fue. El desánimo resultante en las filas de oposición se combinó con la sensación de que, económicamente, el país, acostumbrado solo a las buenas noticias macroeconómicas, ha entrado a un ciclo de “el cielo es el límite”. Esa sensación es incorrecta. Los indicadores son muy claros: nuestros vecinos y principal mercado del gas natural tienen sus economías estancadas y eso, en algún momento, puede afectar a nuestro país.
En la noche, cuando empiece el conteo, será también el momento de una rendición de cuentas. Los partidos opositores deberán demostrar a los electores si presentarse a la justa separadamente fue una decisión acertada o, si resultó en un desastre, qué hicieron para evitarlo El gobierno deberá alistarse para cumplir la agenda abultada que prometió. Cuando los años de vacas gordas parecen cerca del fin, la tarea luce cuesta arriba.

Lo que está en juego

Incluye tres párrafos de actualización al final de la entrada.

Las perspectivas de la elección de este domingo en Brasil parecen mostrar el camino hacia una segunda vuelta. A menos que ocurra una  variación notable en las intenciones de voto, los vencedores disputarían el desenlace dentro de tres semanas, en el epílogo de un proceso seguido con avidez en todo el hemisferio. El volumen en juego es grande, tal vez bastante mayor de lo que imaginan muchos que a estas horas se aprestan a votar, y explica el sube y baja en las encuestas (generalmente serias) sobre las preferencias de votos para la presidenta Dilma Rousseff, la ecologista Marina Silva, y  el ex gobernador Aécio Neves. También parece en juego la continuidad del proyecto Socialismo del Siglo 21 bajo las características que adquirió en los últimos años.

El PT al mando del gobierno de Brasil ha otorgado cierta tranquilidad a  los de Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua e, incluso, Argentina. Un gobierno crítico como sería el de  Marina Silva incomodaría a todos, especialmente a los  más vociferantes, con cuestiones relativas a los derechos humanos, libertades democráticas y relaciones económicas intra y extra regionales. De inmediato, se supone que el gobierno argentino de Cristina Kirchner estaría aún más inquieto, pues la comprensión que le han brindado los gobiernos del PT, de Lula a Rousseff, se convertiría en antipatía bajo Marina o Aércio. Ambos están en desacuerdo con las tendencias proteccionistas prevalecientes en el Mercosur y favorecen acuerdos comerciales con la Unión Europea y otros bloques, de los que recelan Argentina y Venezuela.

El “peligro Marina” ha desencadenado la furia de las fuerzas de izquierdas con sustentación marxista-leninista, que hasta hace poco creían próximo el momento en que todo el hemisferio estaría bajo su bandera o muy próximo a cobijarse bajo ella.  Marina es también de izquierda, pero abjura de los métodos de aquellas y ofrece una democracia participativa que no excluye a quienes piensan diferente. Más por resentimiento que por convicción, sus adversarios uniformados con el PT dicen que es de  “ultraderecha”. Marina fue ministra del primer gobierno de Lula (2002-2006), para luego reforzar las filas del Partido Verde, organización ambientalista como la de ella, y desembocar como aliada del Partido Socialista Brasileño. Se convirtió en candidata presidencial tras la muerte trágica de su líder Roberto Campos el 13 de agosto. Al repasar la historia de la ambientalista, nacida en un siringal del noroeste brasileño, cerca de Pando, nadie podría decir racionalmente que Marina es de  “ultraderecha”. Pero es inobjetable que salió al paso del PT y que, al amenazar el poder instalado en Brasil desde hace 12 años, ocasionó la reacción de los identificados con esa corriente y que protegen los beneficios que de ella reciben.

La tendencia expansiva del Alba (Alternativa Bolivariana para las Américas) manifiesta desde comienzos de siglo, fue interrumpida por la caída de Manuel Zelaya (Honduras, 2009) y la de Fernando Lugo (Paraguay, 2012).  El tumulto institucional del alejamiento de Lugo abrió las puertas de Mercosur para Venezuela, a cuyo ingreso se oponía el senado paraguayo. Con más sentido ideológico que económico o geopolítico, Bolivia juzgó que era el  momento de jugar su carta y avanzó en la intención de ingresar al Mercosur. Pero se ha encontrado con que Paraguay, readmitido en la alianza sureña, no es muy entusiasta a facilitarle el paso. La espera puede ser larga.

Ni Marina Silva ni Aécio Neves ocultan sus simpatías hacia la Alianza del Pacífico, fundada por México, Colombia, Perú y Chile. Esas simpatías son un mensaje que el  gobierno de Cristina Kirchner deberá leer junto a los resultados que emerjan de la votación de este domingo. El interés de Bolivia por la votación brasileña no es menor. Ocurrirá en uno de los períodos más desafiantes de la relación bilateral. Las nubes que amenazan esa relación van  desde el trío de refugiados políticamente más sonoro de bolivianos en el vecino país –el senador Roger Pinto, el ex fiscal Marcelo Soza y el teniente de policía Juan José Laguna-, hasta las negociaciones en puertas para un nuevo acuerdo de venta de gas natural, para las cuales Bolivia debe acelerar la búsqueda de nuevas reservas suficientes para enfrentar el compromiso.

Actualización   

22:30 de la noche – Los resultados de la primera ronda electoral en las elecciones presidenciales de Brasil anticipan una lucha sin tregua,  voto a voto, en el desempate que ocurrirá dentro de tres semanas. La presidente Dilma Rousseff consiguió vencer el escollo y agarrarse de un sólido 41.52% de los sufragios (del 99.25% del total divulgado por Red Globo a las 21:00 de la noche), frente a un 33.65% logrado por el socialdemócrata Aécio Neves. Marina Silva, la ecologista que sorprendió a todo  el mundo y solo una semana después de la muerte de Eduardo Campos, quien presidía la tarjeta electoral del Partido Socialista Brasileño (PSB), se alzó como el mayor rival de la presidente-candidata empujando a Neves al tercer lugar,  esta noche agradeció emotivamente a sus electores en la mayor y más disputada contienda democrática de la historia republicana de Brasil.

Con la perspectiva de enfrentar a Rousseff en la ronda final desvanecida, Silva descartó apoyo a la presidente y dejó abierto el camino para endosar al socialdemócrata Neves. Pero la  palabra final la darán los votantes de la ecologista, cuando deban escoger entre los dos contendores. Las horas que vienen son de suspenso y de una intensificación de la lucha política.

Las sorpresas de la votación de este domingo pueden venir de la conformación de los gobiernos estaduales (26, y el distrito federal de Brasilia) y del Poder Legislativo que emergerá en las próximas horas.   Los resultados son importantes para todo el hemisferio, por razones ya destacadas en anteriores entradas.

 

Aversión al debate

La posibilidad de que los bolivianos podamos asistir a un debate entre todos lo que aspiran a dirigir sus destinos en los próximos cinco años es casi nula tras el reiterado desaire del Presidente Morales y del Vicepresidente García hacia la idea. Los lugares que les correspondían en el debate promovido por la Asociación de Periodistas de La Paz estuvieron vacios.  No es claro si se discrimina a los candidatos rivales solo porque tienen ideas diferentes a las del gobierno, soberbia por la distancia de los dos mandatarios respecto a sus oponentes mostrada en sondeos de intención de voto, o por la perspectiva de perder electores que afectaría mayormente al oficialismo. (ED, 22-09-14). En cualquiera de esos escenarios, no cabe eludir una confrontación de ideas, a menos que se quiera disparar sobre el propio pie.

Nadie puede negar que debatir ideas y enfrentar cuestionamientos sea esencial para una democracia que se precie de serlo o que aspire seriamente a alcanzarla. Ninguno de los dos mandatarios ha ofrecido una excusa capaz de convencer que el debate es innecesario o irrelevante. Imaginen Uds. el bloqueo que habría sufrido el diálogo al final de la Sudáfrica del apartheid si uno de  los bandos decía: No discuto contigo porque eres racista o porque quieres manejar la economía de manera diferente a como yo lo hago.

Un ejemplo a la mano de comportamiento democrático está aquí al lado, en Brasil, donde habrá elecciones generales el 5 de octubre Nunca escuché a ninguno de los candidatos líderes decir “no debato contigo porque tienes menos del 1 por ciento de intenciones” (Luciana Genro, con 0,9%  o Pastor Everaldo con 0,8%), no me gusta tu pasado o solo debato con las “organizaciones sociales.” Esos argumentos habrían recibido rechiflas de burla y desaprobación que habrían hecho parecer el bullicio del Marcaná al de un cementerio a la medianoche.

La lista de temas que podrían ingresar a un debate es larga y nadie podría dudar de la trascendencia de abordarlos frente al país. Desde la conducción económica, la situación de la industria petro-gasífera, el narcotráfico, la deuda externa, los acuerdos con China y las obligaciones con ese país, la percepción de los candidatos en torno al Juicio del Siglo y los eventuales responsables del  episodio, inclusive el antisemitismo que también empieza a perfilase en esferas no oficiales, todos son temas de un menú muy amplio. El país habría querido que los candidatos expongan sus ideas “en vivo” y las articulen para llegar al mayor número de ciudadanos. La oportunidad la pintan calva, de acuerdo a un viejo dicho. Nadie sabe cuándo ni si habrá otra.

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Hasta aquí esta entrada. Un lector tuvo la gentileza de encontrar en este blog un artículo escrito hace cinco años, sobre el mismo tema de la negativa del presidente a debatir. Véanlo oprimiendo las palabras subrayadas.

 

Analogías

Llevar adelante la pelota con la barriga o encontrarse “como chancho en trapecio” son formas populares de describir situaciones incómodas, habitualmente temporales. La analogía parece adecuarse al Juicio del Siglo que, hace poco más de una semana, ingresó a una nueva agonía con la baja intempestiva de una juez ciudadana, afectada por anemia aguda provocada por una úlcera. El médico Juan Carlos Santisteban,  uno de los acusados en el proceso de mayor envergadura de la historia penal boliviana,  cree que esa condición ha sido provocada por la presión en la que la juez Sonia Mamani Vargas se encuentra por la parte que le toca vivir en el juicio, del que es jurado desde hace más de dos años.

“La paciente puede llegar a sufrir desangres internos agudos que agravarían peligrosamente su condición”, me  dijo, poco después de haber visto los resultados de algunos análisis de la juez.  No fue sorpresa que la juez ciudadana hubiese luego anunciado, con un angustiado “ya no puedo más…”, su propósito de alejarse del tribunal para cuidar su salud. El  tema es inevitable periodísticamente por las dimensiones que el gobierno le atribuye: una conspiración para dividir Bolivia, derrota del ejército nacional mediante.

El caso lleva más de 65 meses desde el episodio del Hotel Las Américas, una expresión del ritmo geológico con el que opera la justicia. Aún no ha llegado a la sentencia, etapa que no debía haber pasado de  36 meses,  término límite establecido en pleno procesamiento del caso y mayor al que existía al comenzar la investigación.  Para el vicepresidente Álvaro García, la prolongación del caso es “una vergüenza” y “un delito” del que responsabiliza a los fiscales y jueces encargados. Sus palabras son como un conteo de protección para los que conducen el caso. (9-8-7-6-5, 4…)

Entretanto, luce impracticable acelerar etapas al cabo de tanto tiempo y cuando tiene vez más menos creyentes la tesis del gobierno, denunciada por el presidente tras el episodio violento del hotel (intento de magnicidio, terrorismo y división del país).  Además, todavía está en curso la fase de declaración de los acusados, y en desarrollo un incidente causado por la carta y confesiones del ex fiscal Marcelo Soza, que ha dicho ante el Consejo Nacional de Refugiados de Brasil que la acusación que él articuló es un  fraude porque la preparó tras siembra de pruebas y bajo presión del gobierno.  Por sobre todo, está la incapacidad temporal de la juez ciudadana, sin  cuyo concurso el tribunal está trabado. Los juristas dicen que todas las decisiones tomadas por el jurado serían nulas y restaría, entonces, la elección de otro tribunal, lo que supondría volver hasta principios de 2012, cuando asumió el  tribunal actual.

Instalado en Santa Cruz a comienzos de 2013 tras peregrinar por Cochabamba, Yacuiba y Tarija, el proceso sufrió varios traspiés antes del receso decretado hasta el lunes 29 por el juez.  En solo dos  días, el tribunal tuvo que sortear obstáculos interpuestos por los fiscales, disconformes con la posibilidad de que el  hiper-testigo Boris Villegas especifique en qué circunstancias había conocido a Juan Carlos Guedes, el ex dirigente de la Unión Juvenil Cruceñista a quien el ex fiscal Soza endilgaba la condición de mercader de armas para el supuesto Armagedón boliviano.  Guedes, quien ha dicho que sólo vendió una pistola mugrienta y sin cacerinas a Eduardo Rosza Flores, fue el primer detenido después de los dos sobrevivientes del asalto al hotel. Los  fiscales se opusieron sin éxito a la autorización del tribunal para que el ex alto funcionario del Ministerio de Gobierno, Villegas, contase pormenores de cómo había conocido al ex dirigente cruceñista, quien ha escrito un libro sobre su detención y encarcelamiento y tiene otro en camino.

A ese entredicho se sumó la presencia de Caroline Dwyer, quien vino desde Irlanda en una nueva cruzada por saber más detalles sobre la muerte de su hijo, Michael Dwyer, el 16 de abril de 2009. También murieron el boliviano-húngaro-croata Rózsa Flores y el húngaro Arpad Magyarosi.

“Michael fue ejecutado por un bala al corazón”, dijo la señora Dwyer el 18 de septiembre, en la única declaración que hizo y leyó ante  medios bolivianos.  “Mientras yacía muerto o moribundo recibió cuatro tiros más en su espalda”.  El informe de la patóloga oficial de Irlanda que transcribe esa conclusión yace en la cancillería boliviana y, asegura la defensa, nunca fue entregado ni al juez ni a los fiscales a cargo del proceso que mañana, al vencer el receso decretado por el juez, ingresaría a un nuevo capítulo. Tras el cansancio de una carrera de más de cinco años, el caso semeja cada vez más al de una pelota empujada con la barriga.